viernes, 28 de agosto de 2009

Me gusta desvestir distraídos que no son gay

Me gusta desvestir distraídos que no son gay; distraerlos desvestirlos, despacio, con bromas gastadas, quedando en mis manos el tesoro retórico del saber hacer decir.
En el descuido penetra mi arte, empuja la puerta, llega mi mano y continúa así:
Uno) Distrae el relato de mi sueño profundo, yo flotando en agua mansa mirando el cielo pasar.
Dos) Desviste mi zafra fértil, hombre dormido de pene pequeño jugando conmigo el juego de su confesión.
Es la historia del profesor honesto que hoy, hablando conmigo se dejo atrapar, y mañana deseará verme desnudo flotando en agua mansa mirando el cielo pasar; con él.
Es la historia de quien deseando tanto ese pene, evita tocar directo y en su lugar se dedica a hablar; soy yo.

viernes, 7 de agosto de 2009

MINJITORIO

Rutina diaria; rutina laboral.
Fin del día; oscuridad inminente.
Aún así naufrago en el edificio sin temor al naufragio.
Pasillo norte-sur: voy a tientas y con la mano acaricio el revoque añejo de la pared.
Cuento mis pasos: al llegar son 276; al irme son 58...
Viajo al baño. Paseo lento proyectando la escena: entrar y esperar, llegar y amagar, ser yo, lavar mis manos antes y después, rogar que suceda.
Me bajo el cierre y expongo mi pene al reflejo de mi pene en la pared. Orino y confío: alguien hermoso llegará.
El hermoso no es tan hermoso pero llega. Me ve y se anima.
Se baja el cierre y expone su pene al reflejo de su pene en la pared y me deja ver.
Se suspende el tiempo. No hay apuro.
Letargo infinito de quien sabe mirar.
Belleza inmensa genital: largor, anchor y autoridad.
Juego finito: sacudir, cierre cerrar, salir y desear, no soltar la escena nunca más.
Caminar de vuelta, sabor a miel.
Mañana vuelvo a trabajar.

jueves, 6 de agosto de 2009

DINÁMICA DE VIERNES

Siempre me sedujo la planicie de tu cuerpo normal.
Desde entonces fui tejiendo la sospecha potencial de lo pendiente; lo imposible por suceder.
Cuando me dijiste “dale”, me asusté pero fui.
Hotel pobre; viejo.
Entrar corriendo; borrachos.
Llenar de ruidos la estancia; bendito sea el alcohol.
Somos tres: vos, ella y yo.
Yo me animo pero temo; me pregunto: ¿qué haré yo?
Un abrazo, una silla en el rincón, un trío bailando y un no lugar para mi.
La besas, te mira, se sube a tu cuerpo, se ríe, me empuja hacia atrás.
Me llamas y voy, ella muere un rato.
Infinitud visual, balance de cuerpos: malabarista carnal.
Comparo tu sexo, comparo su sexo, comparo mi sexo, ahora muero yo.
Al fin, de paseo por la pieza, rozo la alfombra cual invasor en soledad, mientras la noche renuncia y se va.
Llora mi pene la calma, baña el vacío de pura tentación.
Me alejo, me escondo y entreabierta las piernas puedo mirarte mejor: hombre con su cuerpo normal dormido en homenaje a mi.
Diferencias al margen, ella, vos y yo, urgida la piel en pie, guardamos el secreto ungidos de paz.

Lo posible ya pasó.

martes, 4 de agosto de 2009

Las calles de la ciudad provocan erecciones

Viajando en colectivo descoso la vista mirando a cada hombre jóven flotando por aquí y concluyo: las calles de la ciudad provocan erecciones.
Los baches y el sincrónico trajinar de un colectivo pueden más sobre las fantasías que cualquier otra imagen pensada soñada de mil hombres vigentes en mi.
El balanceo del transporte antecede al deseo y, cómplice de sus rutas, se impone encarnando en genital apretado queriendo explotar.
Y así, pudo más la presencia del chico en diagonal a mi sombra que cualquier gladiador andante; pudo más su pelo oscuro caído sobre los hombros y aún feo su rostro que cualquier otra imagen pensada soñada de mil hombres vigentes en mi.
Próximo a bajar, el chico saltó de su asiento implicando esfuerzos genuinos por evitar que tantos unos como otros y yo, pudiéramos advertir lo que sólo algunos y yo podríamos saber observar.
Yo lo vi: chico con erección oculta al bajar.
No por verse ni por tocarse entre sí la gente, sino por ser como son las calles provocan erecciones.

viernes, 31 de julio de 2009

Los sesenta olvidados

Recuerdo a los olvidados, vivo así.
Hace unos días me invitaron: la ronda empezó con un correo y ahora son sesenta los olvidados que van.
Yo no puedo ir, mis recuerdos no me dejan.
Hay historias de amor ocultas que, de estar ahí hoy, debería confesar y, la verdad, no puedo; no quiero ir.
Entonces yo era otro, yo no estaba, yo era yo pero no era yo.
Participé de todo: campamentos, clases, aulas, trabajos, fútbol, peleas.
Fui uno más sin ser yo, siendo cada día un poco menos yo.
Hoy escribí un correo para los sesenta olvidados.
Comencé escribiendo: la vida es implacable...
Y ahora, una a una llegan las respuestas y la confirmación de que, no todos pero algunos, todavía me recuerdan.
Y preguntan: ¿no vas?
Y yo pregunto: ¿a quién de mi recuerdan los olvidados?
Si supieran que entonces quise verlos desnudos vejándome.
Si supieran que entonces los seguí hasta el baño para verlos mear.
Si supieran que me enamoré de cada uno de los lindos y les escribí cuentos.
Si supieran que mentí tanto y tan bien para ser igual, ¿a quién recordarán mañana?

miércoles, 29 de julio de 2009

El Secretito

Cuando me llamó primero dije: “¿quién?”
Yo nunca lo olvidé.
Cuando me llamó le dije, después: “sí, claro, voy”.
Departamento cerrado; milanesas en aceite; vino caro; televisión.
Alfombra gastada, honesta. Vidrios y ventanas. Olor.
Él cocinando; yo acompañando; hijos durmiendo y una madre hermosa que no volverá.
Comemos, hablamos y tarde me quiero ir.
De pie los dos lo abracé, me abrazó y casi por error, demasiado cerca de la boca me besó.
Con poder pidió perdón, con vergüenza lloró, con miedo me pidió coger y con euforia lo ayudé.
Hoy él todavía no me llama más.
Hoy yo todavía callo mi asombro.
Hoy Dios todavía ríe mañana.

miércoles, 22 de julio de 2009

Es como dice Óxido

Mientras lo miro de lejos, se despliegan sus fibras dejándome ver su poder.
Yo recorro el cuadrado entre la una, la dos y la última serie del quehacer.
Él se acuesta boca abajo, trasciende el hierro y camina hacia mi.

Me sonríe y al pasar, su estela me acaricia.
Yo lo sueño.
Mi cuerpo crece y él lo nota, me lo dice.
Lo deseo, él lo nota pero calla.
Amo seguirlo, voy de cerca.
Y otra vez: la una, la dos y la última serie otra vez.
Como dice Óxido: musculación en cierne; antípodas del ojo que busca ver más allá de lo que ve.
Transfiguras: escenas del hombre deseando ser otro hombre.
Gimnasia plástica: gimnasia al sol.
Y entonces llega el día y entonces me invita a su casa y entonces voy.
Me mira como nunca, lo veo bien: él desnudo es arte, yo desnudo soy yo.
Placer agudo: combinación casi perfecta de un cuerpo más un cuerpo más el arte más mi yo.
Entra el viento, su piel se eriza, yo me sumo.
Placer agudo, cultura física, ecuación de Dios.

Puntitos de sangre sobre el sofá.

miércoles, 8 de julio de 2009

Plastilina Mosh

Flota el bailarín de flamenco ofreciendo su cuerpo de plastilina mosh.
Desde la red de lo obvio se lanza, su danza, cual pescado atrapado y nada más.
Se pinta las uñas, de negro, baila liviano, caliente, verano costanera, siempre a punto de llegar.
Tras el sexo simple el sexo complejo: glande que resbala, bolas que rebotan, penetración.
Tras el sexo complejo la charla: no sabe decir “ya me voy”; sí sabe aguantar, “¿me quedo un rato más?”.
Mi respuesta se calla porque no dice que no: acepta dejarlo, va a sufrir.
Con el tiempo se diluye, se cae, se arrastra, me pide paz.
Me saluda, me abraza, me besa y me ve.
Me seduce, me atrae, me gusta y otra vez: glande que resbala, bolas que rebotan, penetración.
Un error.
En el diario, bailarín de flamenco, éxito extremo por saber bailar.
En la calle, bailarín de flamenco, “¿ya te vas?”.
Mal. Mucho.
Sí, sufrió.

jueves, 2 de julio de 2009

El Guerrero

Entre los pasillos revestidos de la ciudad de las montañas, acampaban los niños del Brigadier Estanislao López en camastros bienolientes de tres en tres.
Yo era uno, yo era aquel, subido al tapial, espiando las piernas de los otros que corrían la pelota, esperando el guiño de mi ídolo de ayer.
Hoy refieren mis ojos a un cuarto en un hotel, previendo la noche, temeroso de ser, tímido mi cuerpo ajeno a ser visto, entre tanto chico desparejo: pubis vacíos, inocentes carnes, menos el de este Guerrero que entre todos se deja ver, desnudo, común para él, tan difícil para mi, todo su todo colgante las bolas rodeando el órgano que encabeza el pelo de esa parte de su cuerpo que yo no dejo de mirar.
Así me hice hombre de otros hombres, viendo y midiendo madura la carne: mientras yo lo tengo más chico, yo lo tengo más flaco, yo lo tengo más largo y yo lo tengo sin tener, mi ídolo de ayer, el Guerrero, me penetra sin tocarme y sin siquiera saber ninguna vez, como lo tengo yo.

Él ya tan hombre, ya tan real, yo nunca él, siempre yo: niño que mira, abstracto, al Guerrero hombre de su misma edad.

Gonzalo

Se llamaba Gonzalo, y se fue.
Era tan delgado como mi alma, tan inocente como yo, no.
Contraste: su glande.
Su piel aguda, fina, blanca.
Se llamaba Gonzalo, y se fue.
Siempre amanecido, frente a la Basílica, yo volviendo del; él yendo al: infierno.
Fueron una, dos y hasta tres veces. Fueron varios más de uno los abrazos en mi cama.
Fue un cuerpo suave de adolescente gigante; cómodo bajo mi manto, mirador sonriente de mi yo, súbdito de su él.
Subí y bajé tantas veces como mi muerte lo deseó, al infierno, a su cuerpo abajo, a su rostro de niño.
Lo toqué todo, lo limpié y despedacé. Lo bebí dulce de aliento ácido su ser.
A cambio se llevó un reloj, una, dos y hasta tres veces.

Gonzalo, amanece hoy por ahí.

miércoles, 1 de julio de 2009

Mientras el batallón carioca dormía avanzada la mañana

Mientras el batallón carioca dormía avanzada la mañana, yo lo vi; lo miré; lo vi y lo miré; nunca lo toqué.
Mientras el batallón rezaba el sueño abrazado a la resaca, yo lo vi, de cerca, lo vi; sin tocar.
Destacaba su esfinge el varón negro; de slip celeste; contraste de piel la tela sobre la negra piel.
Yo dormía en una pieza adjunta al living, pegado al niño de armadura azul, y en el devenir de un orinar matutino, avanzada la mañana, mi animé a mirar y entonces lo vi: pene esbelto, erección plena, no grande su porte, de forma angulosa insinuante su presencia, glande menor, tras el celeste telón del slip, en el escenario de un cuerpo letal, durmiente su dueño.

Ni el batallón ni el durmiente supieron nunca de mi observar flotante; de mi no tocar y de mi deseo atrevido imaginando tocar.

lunes, 22 de junio de 2009

AKIRA

Había una vez una casa en un lugar alejado.
Había una vez un lugar húmedo; un jardín gigante con pileta y asador.
Había una vez un frenillo asfixiante que impedía sexo normal, en una casa alejada, húmeda, con un jardín y un asador.
Había una vez tres habitantes solteros no, uno no.
Había una vez yo, ahí, ausente presente esperando el momento para poder mirarlo desnudo alguna vez.
Había una vez una noche entre Rivadavia y (la ex) Vera, los dos borrachos y aquel decir: “yo soy como vos”.
Había una vez El Sol; el lugar de baile previo a un espacio y un tiempo en una casa alejada, húmeda, con un jardín y un asador.
Había una vez, después, una casa y un altillo y un hermoso vestido desvestirse y yo mirándolo sin ver.
Hubo entonces un nuevo yo, enamorado extremo buscando un perro para asar, un agua para nadar y una cornisa gigante desde donde poder saltar cuando después de un tiempo me dijo, una vez: había una vez un yo que ya no soy como voz, te confundiste... amigo.
Había una vez, entonces, un libro que le regalé, por amor; con amor.

martes, 16 de junio de 2009

Boca arriba de espalda al techo


Escalones y escaladas.
Subimos la casa del amigo anfitrión sumando escalones de la escalera infinita al tercer piso familiar.
Alcoba de muchos que se abre a más de nosotros que siempre subimos y llegamos sólo para estar y nada más.
Y en la cima, caminamos despacio ocultando la broma de abordar al amigo, de golpe, con fuerza, anunciando que somos quienes fuimos hasta él sólo para estar y nada más.
Y al llegar lo vemos, ahí, acostado boca abajo, poseído, masturbándose de cara al piso impedido de vernos llegar.
Juntos nos quedamos, quietos, ahí, cómplices de él que, despacio y en silencio, poseído, se masturba de espalda al techo impedido de vernos llegar.

Fue un día, hace mucho, nunca más presente lo tengo yo, quien, hoy, acostado boca arriba, despacio y en silencio, cada día me masturbo más.

jueves, 11 de junio de 2009

Vestuario


Ya nadante voy pensando: el vapor y los cuerpos, mientras floto flotando mi letargo frío sobre el caudal.
Pienso nadante: jabón en caja, toalla aburrida en un colgador. Canillas ajadas; espejo sucio; vestuario triste después de nadar.
Ya nadante voy pensando: hombres con hombres mirando lo invisible; desnudez local.
Espaldas con espaldas, soltando mi culpa, demorando mirar(los).
Uno será el hermoso; efebo divino; maldito su peso aspirante a morir.
Otro será el adulto, rescoldo frágil de mi mano tibia que de golpe se animará a tocar(lo).
Ya suave mi frente bajo la ducha, cierro los ojos mientras ellos se van.
Maldigo puteo, pateo el silencio mientras me animo lento a jugar a soñar(los).
Sacrificio honesto, agua corriente, me dejo llevar.
Desnudo me veo, desnudo me ve, uno que todavía está: el efebo ausente que se fue y volvió y ahora me mira más.
Lo invito a casa; él va.
Ya nadante floto de otro modo.

Mañana vuelvo a nadar.

martes, 19 de mayo de 2009

Polución III

Verme con mi rey en la pieza de un hotel.
Verme jugar a empujar y correr.
Verme ahora encima de mi rey, descubriendo su pene erecto; ancho y prepotente.

Le bajo el pantalón y comienzo a besar su genital.
Me despierto exaltado; sueño mojado.

Hoy solo, otra vez.

Polución II

Ver al chico en la casa; andando por ahí.
Ver más gente andando también por ahí: una fiesta.
Ahora verlo desde lejos; verlo cruzar mi mirada.
Él se mueve lento y me invita a seguirlo, mientras se baja el cierre y me deja entrever su largo genital.
Lo sigo y ya con él, verme meter mi mano en su bragueta y apretar su pene erecto total.
Me despierto exaltado...
Sueño mojado con mi amor durmiendo acá.

Polución I

Ver al chico desde lejos, distante, difuso.
Ahora verlo a mi lado, en el colectivo. Verlo de reojo; ver su genital marcado en su jean.
Verlo que me ve y, sin mediar palabras, verlo bajarse el cierre; invitarme a tocarlo.

Sentados en los últimos asientos, meto mi mano en su bragueta y le aprieto el pene erecto. Me despierto exaltado...
Sueño mojado.

miércoles, 6 de mayo de 2009

HERMOSO

Una noche de arribo a la ciudad del mar.
Un viaje agobiante con mi vida agobiante; un bolso gigante: mi ropa.
Una búsqueda inútil. Un cansancio grupal.
Hambre y sed de vida; libertad sin paz.
Un miedo.
Un departamento tan chico: orina en la terraza por mi timidez.
En una cama, una mañana, entre las sábanas: erección que escapa al tajo de un boxer y un rostro hermoso sueña heterosexual.
Intimidad desnuda; fantástica.
Mis ojos.
Mi no vergüenza lívida.
No lo soñé, ¿lo imaginé?
Lo guardo celoso de todo mar.

La Ducha

Cierro los ojos, me dejo llevar.
Cierro los ojos y espero.
Lluvia en mi; agua que resbala.
Uno a uno se encadenan los sueños del día: pasas vos, entra él, vienen todos.
Mi mano acaricia mi cuerpo y su cuerpo. Soy yo con el que nunca podré tocar.
Soy yo conmigo tocando mi parte más tibia.
Soy fluido pendiente y testículos pequeños.
Son mis dedos tan amigos, tan gigantes; abrigo de mi pene.
Es mi sexo en diálogo con lo ausente; fantasía presente.
Comienzo suave y sigo vértigo, espasmos.
Al final te quedas vos, hasta el final, vos.
Sos siempre parecido a otro, por eso te quedas.
Te dejo plantado cerca, por detrás, y siento tus ojos lamer mi espalda amplia; admirable.
Potente ingresante ya estas acá, conmigo; adentro.
En mi mente, en mi mano.
Escurre el silencio contra la losa; densa palidez; gotas de almidón.
Mi semen.

jueves, 30 de abril de 2009

Un remise y enfrente hay un geriátrico

Madrugada, frío, mucho.
En la esquina de siempre, saboreando mi resaca, veo el auto, subo atrás; uno más gordo al volante, uno más lindo a la par.
Somos tres.
Es propuesta un desvío, antes de casa, yo me atrevo: digo que si.
Ellos son hermanos; el más gordo se baja, el más lindo continúa: es mi nuevo chofer.
Volvemos a la ruta.
Insinúo sexo, descarriado y peligroso; oscuro el mundo: insinúo felación.
Sonríe, sonrío, conversación letal.
Él se arriesga, él se atreve, ya es si.
Me aclara, me jura, me perjura: yo no soy como vos.
No importa, ya es si.
Excitado como nunca, erecta mi alma, lo termino de empujar.
Él insiste: yo no soy como vos; yo insisto: dejame ver, dejame tocar.
- ¿Te pasas a mi asiento? (yo, diciendo).
- Voy para allá (él, sin decir).
Me explica que no es, lo disfruto, acaba en mi boca, vuelta a empezar.
Me explica que no es, lo disfruto, acaba en mi boca, de nuevo, vuelta a empezar.
Me explica que no es, lo disfruto, acaba en mi boca, no quiero más.
Es de día.
Enfrente hay un geriátrico.
Pene delgado, 4 x 16.
Hubo un llanto, una historia; mi consuelo, lo recuerdo: ya se fue.

viernes, 3 de abril de 2009

El Elástico


Yo sólo quería jugar al elástico, con ellas.
Una señorita de punta en blanco me cuidaba: Miriam; una histérica.

Miriam me agarraba del brazo y me cuidaba, de más. Me decía: “si quieres quédate en el aula”.
Yo sólo quería jugar al elástico, con ellas.
Las observaba desde lejos, al sol del recreo, con las manos abrazadas por el frío.
Las miraba con celo, envidioso por ser ellas lo que yo no: una nena jugando al elástico; tan posible juego de nenas; tan prohibido juego para mi.
Creo que entonces me volví triste tan el que soy, a veces.
Creo que por eso hoy juego tanto a lo que no puedo, el elástico, vital, del tiempo, de hombres bajo la colcha, de besos violentos pidiendo ser brotes de locura violenta.
Ayer, en el recreo, celoso, las miré y las odié, tan felices, honesto su género, dueñas de mi deseo por poder lo que yo no tengo, por tener lo que yo no puedo: un juego, el elástico.

Tan el que soy, a veces, hoy, no las deseo.

jueves, 19 de marzo de 2009

Breve historia de mi fantasía con él que no es gay

1

Estoy con él en una pieza con dos camas de una plaza puestas en paralelo; parece la pieza de un hotel.
Él se ríe irónico mientras se desviste y se prepara para dormir; yo también hago lo mismo. Es de noche.
Cada uno en su cama. Yo lo deseo. Él tiene un slip, yo también.
Él se desviste y al hacerlo, saca una envoltura y descubre su pene erecto, mostrando así su glande, gigante, hinchado y sanguíneo.
Yo lo deseo porque no puedo nada con él.
Pienso en hacer un chiste: “es mejor que me toque la cama de la izquierda porque así puedo tocarte con mi brazo derecho”; no me animo a decir nada.
Él esta casado, tiene hijos, ella se va a enojar.
Ahora estoy en el baño, me muevo en silencio para no hacer ruido, no quiero despertar a mi mamá.
Enchufo la máquina de afeitar, tengo una toalla blanca en la cintura cubriendo mi desnudez; estoy excitado.
La luz del baño es amarilla.
Cuando empiezo a afeitarme mi mamá aparece y me hace notar que la puerta del baño no está cerrada, todos me ven.
Aún así sigo.
Suena el teléfono, mi vieja me habla, no sé que dice.

Aparece él con una solera y unos escarpines con cascabeles tipo pulgarcito.
Ella lo llamó y le dijo que vuelva, que salga a comprarle un disfraz a su hija.
El deseo por él me desborda, aún ahora que ya desperté.

2

Estoy con él en una pieza grande muy iluminada por el sol; hay grandes ventanales.

Es de día. Hace calor afuera, es la siesta.
Nos desvestimos a la vez: primero la remera, después el pantalón, por último el calzoncillo.
Él se ríe irónico, y sin decirnos nada, imprevistamente, nos abrazamos, nos besamos fuerte, frotamos nuestros cuerpos de frente; nuestros penes. Nos besamos y siento su saliva; su aliento; sus dientes.
(...)
Él se reía irónico, libidinoso, pecando, travieso.
Ambos sabemos que él no es gay, y que sin poder desearlo lo deseo mucho, y que sin desearme ni ser gay, él me esta besando, desnudo, conmigo.

El deseo por él me desborda, aún ahora que ya desperté.

jueves, 5 de marzo de 2009

Piojos en el pubis

Cuando me siento cómodo me siento con las piernas cruzadas.
Cuando tomo de más, suelto las manos y luzco mis anillos; y confieso obscenamente, verdades, tamaños, experiencias, saberes sexuales; héteros atentos, me ven.
Cuando me siento en una esquina, cómodo, me gritan ¡puto! ...así me gritaron una vez.
Cuando bajo del colectivo y camino los 70 metros hasta casa, escucho música, y a veces camino bailando de alegría caminando.
Cuando camino contento, cómodo, busco los ojos ajenos para decirle: vamos a casa, juntos, 70 metros.
Cuando pienso en todo esto, aparece.
Cuando me olvido, vuelve.
Cuando me golpeó, lloré...
...remera a rayas azul, corte a la cubana, un brazo imperfecto, una esquina propietaria, un pene erecto escondido en casa, un jean lavado, un par de años extraños, un caminito entre el portón y la entrada, un amigo herido, y él... tan cómodo él, sentado en la esquina justo en donde yo, ahora, espero el colectivo.

jueves, 19 de febrero de 2009

Talcahuano

¿Cuánta distancia habrá habido entre mi ojo, el visillo de la puerta y tu cuerpo bajo la ducha?
Alquilé mi primera casa por dos motivos: los pisos eran lindos, y el baño me permitía el juego.
Ciertamente, cuando fui a ver la casa por primera vez, no tuve tanto tiempo, sin embargo, bajo la excusa de probar la cadena, comprobé lo suficiente para mi: el ojo, el visillo de la puerta, un cuerpo bajo la ducha...
Después de alquilar y mudarme, lo demás fue esperar, esperarlos, esperarte.
Se encadenaron tiempos, televisiones abiertas, jueves post fútbol, carne a la parrilla, debates eternos, vinos, más tiempos.
Y un día pasó: te quedaste vos, hablamos, te enojaste, me enojé, nos perdonamos, hablamos, hubo gente, se fueron todos, nos quedamos solos, nos reímos, te reíste, te fuiste a bañar, esperé, caminé, me animé, te espié y aprendí: jabón en el pelo, enjuague, después espuma en el cuerpo, jabón, correr el cuero, dejar correr agua, un pene espléndido, media erección, el glande a la vista, tu dedo índice recorriendo el cuello del glande, enjuague, vapor, final.
¿Cuánta distancia habrá habido entre mi ojo, el visillo de la puerta y tu cuerpo bajo la ducha?

Doice

Yo nunca me masturbo, le dijo él a él, una vez.
Entonces fue distinto, distante, ajeno, diferente, se sintió.
Suspendido un pedazo, reemplazado por este, él eligió: más amigo, menos gay. Viajaron; fue un cielo, un puerto bello, un whisky sour, las patas al sol. Erección que pudo verse, de mañana.
A la vuelta hubo un gol de media cancha, una pérdida, un pitazo final y hermosos más hermosos corriendo para él.
Yo siempre atajo, le dijo él a él, una vez.
Y en el vestuario de una noche se bañó el virgen de pajas, tan desnudo a sus ojos.
Y él aceptó feliz; suspendido un pedazo, tan amigo, menos gay.
El virgen migró, él se quedó, a la orilla, siempre.
Hay años añejos, de a ratos sabios, padrazo uno; él no.
Hay sueños fútbol, nunca y siempre, otra vez y una vez, los doice.

viernes, 13 de febrero de 2009

Ponta Das Canas

A dos cuadras del mar, en la línea de los estibadores, habitamos el verano vos, yo y los demás.
Yo no era yo, aunque estaba. Vos estabas ahí mas que yo, masculino.
Y aquella tarde sin luz, al regreso de las olas, te bañaste y con aquel no pudor tan tuyo, te sentaste frente a mi y dejaste ver todo tu sexo colgando cada vez, toalla cómplice, mientras fumabas.

Fui tan yo y tan poco yo fui, que no supe si mirar mirando evitando mirar, escondido en mi silencio...
Añoro aquellos días por su inocente crueldad.
Costo del que mira, pago total.

viernes, 6 de febrero de 2009

Paulo

Cuando Paulo escapo entre los baldíos, jugando al capitán, yo lo seguí de cerca por mi admiración.
Era el líder, mi héroe, mi obsesión.
Delgado como nadie, fibrosas carnes y un pecho firme de acero con piel, moreno al sol, ojos negros en la tarde, lo deje correr y lo seguí, por amor.
Entre los baldíos en la aventura de perseguirlo, lo esperé escondido ahora devenido en opuesto, y lo frené de golpe con mi puño erguido sobre su vientre.
Se quejó de dolor, casi lloró sin llorar, como un buen líder, y me odio con sorpresa.
Sus ojos no me perdonaron más. Los míos negaron la verdad: con apenas doce años, te busqué para tenerte y, por no poder tocarte, te rocé la panza con fuerza, y te desee aún más, hoy, cuando te veo, a media cuadra de donde estoy.

Por eso te pegué, así te pude tocar.

Mi Parto

Parto en la noche en un boliche; un lugar.
Y después: seis son las manos que se tocan; tres se animan a tocar.
Uno soy yo, el que los toca; los otros son dos: un tal Marcos y un Gastón.
Desnudos, sus cuerpos, erizan mi cuerpo: la belleza de las líneas, geometría de Dios.
Uno va y viene entre los otros, el otro se queda, más mío, Gastón.
Danza en tres actos, metáfora del horno, prueba de calor.
Al final uno le dice al otro: Marcos, vamos, es lejos.
Se van.
Yo quedo, vibrante, mi cuerpo, desnudo, y Dios.

CRUDITA

Va entrando despacio, como asomándose. Hay dolor, hay gusto, hay un ardor metido entre ambos; desgarro; fisura; fuego y placer. Hay contacto; insisto: hay placer…
Declamación diurna, escusa nocturna y desayuno después.
Hacer el amor, sexual, por primera vez.
La consulta de siempre: el tamaño, las medidas, el aceite, la distancia, el lugar.
Yo: uno setenta y tres, setenta kilos, rapado, cara de turco, buen cuerpo, gimnasio, ¿vos?
Yo: vos.
Vos: los brazos que atrapan brazos, una mano que aleja la espalda, un punto de encuentro por detrás, un entrar, un entrar, otro entrar...
Me gusta. ¿Me gusta?
La luz prendida, hay dolor, hay gusto, fuego y placer: todo por amor, sexual, una vez...
¿Me gusta?

Me gusta.

jueves, 5 de febrero de 2009

Mi Lex

Con un calsoncillo rojo y su erección escondida, abusó de mi, autorizado por mi.
Lex: un sin sentido, una declamación a destiempo, un “te amo” no creíble y todo por mi culpa, siempre yo tan yo, aferrando la divergencia.
Subjetividad heroica: atar, unir, abrazar, anudar, sujetar, apegar....
La belleza de su todo me pudo: su cuerpo de voley, su voz de honor, sus manos tan justas, sus manos tan manos.
Me caí en él como quien se deja caer, suicida. Ideal; héroe sin capa.
Su penetrar doloroso, su respirar ansiado, su caminar tan fino.
Mi Lex, su él, mi nada en nada. Mi muerte por un mes.

Ahora recuerdo mejor: se fue por un césar.

jueves, 22 de enero de 2009

Lucas

No puedo impedirme comparar; habitantes de la noche oscura.
Filtración de un idealismo fantástico y pelotudo que, pulseando con el día, me reprocha contrastes y me hace doler…
Por su culpa, por su gran culpa, cuando voy, al que elijo miro a los ojos, fijamente, a riesgo de equivocar el destino de mi apetito confesar.
Así fue que un día, entre los asientos de un 16, aún mirando de a ratos me deje mirar, y aún bajando me deje seguir, y aún con miedo lo enfrenté: ¿me estas siguiendo?, pregunté; es muy lindo, pensé.
No, contestó; sólo pasaba por acá, dijo.
Y en segundos resolví: 4 cuadras, la casa de mis viejos, ellos no saben de mi, desnudos en el living, infiel de mi ex, acabar rápido, ¿habrá alguien ahí?, ¿un motel por acá?, no soy capaz.
Hoy se filtra su rostro, es uno de aquellos que me reprocha su ausencia, aún mirando de a ratos.

lunes, 19 de enero de 2009

TXAVI

Voy a sabotearte el día, pasante. Tanto ardor cautivo; rehén que secuestra… Sin penetración, interjuego: seducir y conquistar, mi éxito imprevisto.
Mientras tanto, vos me probas y te vas, dejando en casa este vacío tan caprichoso, tu éxito imprevisto.
Compensatorio: me llevas tatuado y no se ve.

jueves, 15 de enero de 2009

PORFIRIO

En un rincón porfirio de la noche, bailan borrachos tres y dos más: la él, la él y la yo, y dos más… uno más justo que el otro, y el otro más que ni recuerdo.
Conquisté al más justo: 1,60; gran cuerpo, boinita y actitud letal.
Nos fuimos a la casa de antonia, tan famosa por su olor; una puerta gigante de dos hojas, un pasillo inicial, y un sinfín de habitaciones todas para mi.
En la más grande dormía yo.
Entré con el más justo sin recordar aún hoy si entramos juntos o separados; si me desvestí o me desvistió.
Después ya es de día, le pregunto por qué está él conmigo ahí, le pregunto si le tuve que pagar para que venga a mí, no le pregunto más y lo beso.
Sexo: lo deseo, él creo que no, lo sabe y me corre justo antes de acabar en mi boca. Se levanta, lo veo mejor, es hermoso. Pide permiso, se levanta y pasa al baño ubicado a metros del sinfín.
Vuelve, se viste, me pide un peso para el Bondi y se va.
Lo busqué sólo y lo mandé a buscar. Un pañuelo, una carta, un “no” y un “veníte a bailar con nosotros”.
Tiempo después, cuando ya no lo podía encontrar, él me vio justo ahí; justo acá.
Nos saludamos en silencio, a veces nos vemos: hola, chau.
Un luciano.

domingo, 11 de enero de 2009

Yendo o viniendo

Yendo o viniendo, no lo sé.
El pobre débil y yo: un señor.
Nos llevamos a un baldío; bizarro, sucio, procaz.
Inolvidable gozo; espantosa confesión.

10 $

Entraron gritando y se sentaron en ronda por ahí, tan cerca de mí.
Los deje reírse del ambiente y, ya sin trago en la mano, amenacé: “10 $ al que la tenga más chica”.
Gritos. Risas. Miradas. Dudas. Silencios. Miradas…
Era hermoso, lo conocí afuera. Sé que no era gay, él no.
Le pagué.

Ginebra-Limonada

A veces sobra con un gesto, un guiño, una mano diciendo: “una ginebra-limonada por favor”, y en la torre más siniestra de la ciudad, mientras el pelado con un pañuelo en la cabeza me grita al entrar: “¡hola pelado!”, yo entro deseando no volver a entrar.
Y allí, donde suben y bajan sin parar, yo busco que el idiota me mire para hacerlo llegar a mí.
Y va de nuevo: “una ginebra-limonada por favor”.
Él idiota tan bonito no puede, es empleado del lugar.
Sin embargo, bajo el cielo tan bonito, llega a mí y en la terraza, fui para él, empleado del lugar; una ginebra-limonada, por favor…

PLACARD

Fue cuando empecé a ser, a cinco cuadras de casa.
Él no fue el que me gustó, su compañero era el hermoso.
Al hermoso lo busqué toda la noche…
Escaleras abajo, en el umbral del placard, borracho y jaqueado por el sol, lo invité a mi casa; me dijo que no, sonriendo.
El no hermoso, pegado al hermoso, sin querer ni sonreír me dijo que si.
Y entonces no recuerdo mucho más.
El no hermoso desnudo sobre mi cama, y mi yo desnudo sobre su cuerpo desnudo, inaugurando mi sexo oral tan capaz y voraz.
Al final le pagué y alquilé su odio por un tiempo.
Fue cuando empecé, a cinco cuadras de casa.
Todavía hoy me visitan los golpes de su mano en mi puerta, o su voz en mi ventana, reclamando su paga de nuevo, a cambio de abrir mi puto placard…
Me salvó el chino.