Me gusta desvestir distraídos que no son gay; distraerlos desvestirlos, despacio, con bromas gastadas, quedando en mis manos el tesoro retórico del saber hacer decir.
En el descuido penetra mi arte, empuja la puerta, llega mi mano y continúa así:
Uno) Distrae el relato de mi sueño profundo, yo flotando en agua mansa mirando el cielo pasar.
Dos) Desviste mi zafra fértil, hombre dormido de pene pequeño jugando conmigo el juego de su confesión.
Es la historia del profesor honesto que hoy, hablando conmigo se dejo atrapar, y mañana deseará verme desnudo flotando en agua mansa mirando el cielo pasar; con él.
Es la historia de quien deseando tanto ese pene, evita tocar directo y en su lugar se dedica a hablar; soy yo.
viernes, 28 de agosto de 2009
viernes, 7 de agosto de 2009
MINJITORIO
Publicado por
Terencio
Rutina diaria; rutina laboral.
Fin del día; oscuridad inminente.
Aún así naufrago en el edificio sin temor al naufragio.
Pasillo norte-sur: voy a tientas y con la mano acaricio el revoque añejo de la pared.
Cuento mis pasos: al llegar son 276; al irme son 58...
Viajo al baño. Paseo lento proyectando la escena: entrar y esperar, llegar y amagar, ser yo, lavar mis manos antes y después, rogar que suceda.
Me bajo el cierre y expongo mi pene al reflejo de mi pene en la pared. Orino y confío: alguien hermoso llegará.
El hermoso no es tan hermoso pero llega. Me ve y se anima.
Se baja el cierre y expone su pene al reflejo de su pene en la pared y me deja ver.
Se suspende el tiempo. No hay apuro.
Letargo infinito de quien sabe mirar.
Belleza inmensa genital: largor, anchor y autoridad.
Juego finito: sacudir, cierre cerrar, salir y desear, no soltar la escena nunca más.
Caminar de vuelta, sabor a miel.
Mañana vuelvo a trabajar.
Fin del día; oscuridad inminente.
Aún así naufrago en el edificio sin temor al naufragio.
Pasillo norte-sur: voy a tientas y con la mano acaricio el revoque añejo de la pared.
Cuento mis pasos: al llegar son 276; al irme son 58...
Viajo al baño. Paseo lento proyectando la escena: entrar y esperar, llegar y amagar, ser yo, lavar mis manos antes y después, rogar que suceda.
Me bajo el cierre y expongo mi pene al reflejo de mi pene en la pared. Orino y confío: alguien hermoso llegará.
El hermoso no es tan hermoso pero llega. Me ve y se anima.
Se baja el cierre y expone su pene al reflejo de su pene en la pared y me deja ver.
Se suspende el tiempo. No hay apuro.
Letargo infinito de quien sabe mirar.
Belleza inmensa genital: largor, anchor y autoridad.
Juego finito: sacudir, cierre cerrar, salir y desear, no soltar la escena nunca más.
Caminar de vuelta, sabor a miel.
Mañana vuelvo a trabajar.
jueves, 6 de agosto de 2009
DINÁMICA DE VIERNES
Publicado por
Terencio
Siempre me sedujo la planicie de tu cuerpo normal.
Desde entonces fui tejiendo la sospecha potencial de lo pendiente; lo imposible por suceder.
Cuando me dijiste “dale”, me asusté pero fui.
Hotel pobre; viejo.
Entrar corriendo; borrachos.
Llenar de ruidos la estancia; bendito sea el alcohol.
Somos tres: vos, ella y yo.
Yo me animo pero temo; me pregunto: ¿qué haré yo?
Un abrazo, una silla en el rincón, un trío bailando y un no lugar para mi.
La besas, te mira, se sube a tu cuerpo, se ríe, me empuja hacia atrás.
Me llamas y voy, ella muere un rato.
Infinitud visual, balance de cuerpos: malabarista carnal.
Comparo tu sexo, comparo su sexo, comparo mi sexo, ahora muero yo.
Al fin, de paseo por la pieza, rozo la alfombra cual invasor en soledad, mientras la noche renuncia y se va.
Llora mi pene la calma, baña el vacío de pura tentación.
Me alejo, me escondo y entreabierta las piernas puedo mirarte mejor: hombre con su cuerpo normal dormido en homenaje a mi.
Diferencias al margen, ella, vos y yo, urgida la piel en pie, guardamos el secreto ungidos de paz.
Lo posible ya pasó.
Desde entonces fui tejiendo la sospecha potencial de lo pendiente; lo imposible por suceder.
Cuando me dijiste “dale”, me asusté pero fui.
Hotel pobre; viejo.
Entrar corriendo; borrachos.
Llenar de ruidos la estancia; bendito sea el alcohol.
Somos tres: vos, ella y yo.
Yo me animo pero temo; me pregunto: ¿qué haré yo?
Un abrazo, una silla en el rincón, un trío bailando y un no lugar para mi.
La besas, te mira, se sube a tu cuerpo, se ríe, me empuja hacia atrás.
Me llamas y voy, ella muere un rato.
Infinitud visual, balance de cuerpos: malabarista carnal.
Comparo tu sexo, comparo su sexo, comparo mi sexo, ahora muero yo.
Al fin, de paseo por la pieza, rozo la alfombra cual invasor en soledad, mientras la noche renuncia y se va.
Llora mi pene la calma, baña el vacío de pura tentación.
Me alejo, me escondo y entreabierta las piernas puedo mirarte mejor: hombre con su cuerpo normal dormido en homenaje a mi.
Diferencias al margen, ella, vos y yo, urgida la piel en pie, guardamos el secreto ungidos de paz.
Lo posible ya pasó.
martes, 4 de agosto de 2009
Las calles de la ciudad provocan erecciones
Publicado por
Terencio
Viajando en colectivo descoso la vista mirando a cada hombre jóven flotando por aquí y concluyo: las calles de la ciudad provocan erecciones.
Los baches y el sincrónico trajinar de un colectivo pueden más sobre las fantasías que cualquier otra imagen pensada soñada de mil hombres vigentes en mi.
El balanceo del transporte antecede al deseo y, cómplice de sus rutas, se impone encarnando en genital apretado queriendo explotar.
Y así, pudo más la presencia del chico en diagonal a mi sombra que cualquier gladiador andante; pudo más su pelo oscuro caído sobre los hombros y aún feo su rostro que cualquier otra imagen pensada soñada de mil hombres vigentes en mi.
Próximo a bajar, el chico saltó de su asiento implicando esfuerzos genuinos por evitar que tantos unos como otros y yo, pudiéramos advertir lo que sólo algunos y yo podríamos saber observar.
Yo lo vi: chico con erección oculta al bajar.
No por verse ni por tocarse entre sí la gente, sino por ser como son las calles provocan erecciones.
Los baches y el sincrónico trajinar de un colectivo pueden más sobre las fantasías que cualquier otra imagen pensada soñada de mil hombres vigentes en mi.
El balanceo del transporte antecede al deseo y, cómplice de sus rutas, se impone encarnando en genital apretado queriendo explotar.
Y así, pudo más la presencia del chico en diagonal a mi sombra que cualquier gladiador andante; pudo más su pelo oscuro caído sobre los hombros y aún feo su rostro que cualquier otra imagen pensada soñada de mil hombres vigentes en mi.
Próximo a bajar, el chico saltó de su asiento implicando esfuerzos genuinos por evitar que tantos unos como otros y yo, pudiéramos advertir lo que sólo algunos y yo podríamos saber observar.
Yo lo vi: chico con erección oculta al bajar.
No por verse ni por tocarse entre sí la gente, sino por ser como son las calles provocan erecciones.
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