Se llamaba Gonzalo, y se fue.
Era tan delgado como mi alma, tan inocente como yo, no.
Contraste: su glande.
Su piel aguda, fina, blanca.
Se llamaba Gonzalo, y se fue.
Siempre amanecido, frente a la Basílica, yo volviendo del; él yendo al: infierno.
Fueron una, dos y hasta tres veces. Fueron varios más de uno los abrazos en mi cama.
Fue un cuerpo suave de adolescente gigante; cómodo bajo mi manto, mirador sonriente de mi yo, súbdito de su él.
Subí y bajé tantas veces como mi muerte lo deseó, al infierno, a su cuerpo abajo, a su rostro de niño.
Lo toqué todo, lo limpié y despedacé. Lo bebí dulce de aliento ácido su ser.
A cambio se llevó un reloj, una, dos y hasta tres veces.
Gonzalo, amanece hoy por ahí.
jueves, 2 de julio de 2009
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1 comentario:
"Lo toqué todo, lo limpié y despedacé..."
Amigo querido, aunque el tantra y la reflexión abunden en tu discurso debo decirte algo doloroso: vos, como yo, y como muchos estas cediendo ante el animal, te estas bestializando...disfrutalo...je
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