No puedo impedirme comparar; habitantes de la noche oscura.
Filtración de un idealismo fantástico y pelotudo que, pulseando con el día, me reprocha contrastes y me hace doler…
Por su culpa, por su gran culpa, cuando voy, al que elijo miro a los ojos, fijamente, a riesgo de equivocar el destino de mi apetito confesar.
Así fue que un día, entre los asientos de un 16, aún mirando de a ratos me deje mirar, y aún bajando me deje seguir, y aún con miedo lo enfrenté: ¿me estas siguiendo?, pregunté; es muy lindo, pensé.
No, contestó; sólo pasaba por acá, dijo.
Y en segundos resolví: 4 cuadras, la casa de mis viejos, ellos no saben de mi, desnudos en el living, infiel de mi ex, acabar rápido, ¿habrá alguien ahí?, ¿un motel por acá?, no soy capaz.
Hoy se filtra su rostro, es uno de aquellos que me reprocha su ausencia, aún mirando de a ratos.
jueves, 22 de enero de 2009
lunes, 19 de enero de 2009
TXAVI
Publicado por
Terencio
Voy a sabotearte el día, pasante. Tanto ardor cautivo; rehén que secuestra… Sin penetración, interjuego: seducir y conquistar, mi éxito imprevisto.
Mientras tanto, vos me probas y te vas, dejando en casa este vacío tan caprichoso, tu éxito imprevisto.
Compensatorio: me llevas tatuado y no se ve.
Mientras tanto, vos me probas y te vas, dejando en casa este vacío tan caprichoso, tu éxito imprevisto.
Compensatorio: me llevas tatuado y no se ve.
jueves, 15 de enero de 2009
PORFIRIO
Publicado por
Terencio
En un rincón porfirio de la noche, bailan borrachos tres y dos más: la él, la él y la yo, y dos más… uno más justo que el otro, y el otro más que ni recuerdo.
Conquisté al más justo: 1,60; gran cuerpo, boinita y actitud letal.
Nos fuimos a la casa de antonia, tan famosa por su olor; una puerta gigante de dos hojas, un pasillo inicial, y un sinfín de habitaciones todas para mi.
En la más grande dormía yo.
Entré con el más justo sin recordar aún hoy si entramos juntos o separados; si me desvestí o me desvistió.
Después ya es de día, le pregunto por qué está él conmigo ahí, le pregunto si le tuve que pagar para que venga a mí, no le pregunto más y lo beso.
Sexo: lo deseo, él creo que no, lo sabe y me corre justo antes de acabar en mi boca. Se levanta, lo veo mejor, es hermoso. Pide permiso, se levanta y pasa al baño ubicado a metros del sinfín.
Vuelve, se viste, me pide un peso para el Bondi y se va.
Lo busqué sólo y lo mandé a buscar. Un pañuelo, una carta, un “no” y un “veníte a bailar con nosotros”.
Tiempo después, cuando ya no lo podía encontrar, él me vio justo ahí; justo acá.
Nos saludamos en silencio, a veces nos vemos: hola, chau.
Un luciano.
Conquisté al más justo: 1,60; gran cuerpo, boinita y actitud letal.
Nos fuimos a la casa de antonia, tan famosa por su olor; una puerta gigante de dos hojas, un pasillo inicial, y un sinfín de habitaciones todas para mi.
En la más grande dormía yo.
Entré con el más justo sin recordar aún hoy si entramos juntos o separados; si me desvestí o me desvistió.
Después ya es de día, le pregunto por qué está él conmigo ahí, le pregunto si le tuve que pagar para que venga a mí, no le pregunto más y lo beso.
Sexo: lo deseo, él creo que no, lo sabe y me corre justo antes de acabar en mi boca. Se levanta, lo veo mejor, es hermoso. Pide permiso, se levanta y pasa al baño ubicado a metros del sinfín.
Vuelve, se viste, me pide un peso para el Bondi y se va.
Lo busqué sólo y lo mandé a buscar. Un pañuelo, una carta, un “no” y un “veníte a bailar con nosotros”.
Tiempo después, cuando ya no lo podía encontrar, él me vio justo ahí; justo acá.
Nos saludamos en silencio, a veces nos vemos: hola, chau.
Un luciano.
domingo, 11 de enero de 2009
Yendo o viniendo
Publicado por
Terencio
Yendo o viniendo, no lo sé.
El pobre débil y yo: un señor.
Nos llevamos a un baldío; bizarro, sucio, procaz.
Inolvidable gozo; espantosa confesión.
El pobre débil y yo: un señor.
Nos llevamos a un baldío; bizarro, sucio, procaz.
Inolvidable gozo; espantosa confesión.
10 $
Publicado por
Terencio
Entraron gritando y se sentaron en ronda por ahí, tan cerca de mí.
Los deje reírse del ambiente y, ya sin trago en la mano, amenacé: “10 $ al que la tenga más chica”.
Gritos. Risas. Miradas. Dudas. Silencios. Miradas…
Era hermoso, lo conocí afuera. Sé que no era gay, él no.
Le pagué.
Los deje reírse del ambiente y, ya sin trago en la mano, amenacé: “10 $ al que la tenga más chica”.
Gritos. Risas. Miradas. Dudas. Silencios. Miradas…
Era hermoso, lo conocí afuera. Sé que no era gay, él no.
Le pagué.
Ginebra-Limonada
Publicado por
Terencio
A veces sobra con un gesto, un guiño, una mano diciendo: “una ginebra-limonada por favor”, y en la torre más siniestra de la ciudad, mientras el pelado con un pañuelo en la cabeza me grita al entrar: “¡hola pelado!”, yo entro deseando no volver a entrar.
Y allí, donde suben y bajan sin parar, yo busco que el idiota me mire para hacerlo llegar a mí.
Y va de nuevo: “una ginebra-limonada por favor”.
Él idiota tan bonito no puede, es empleado del lugar.
Sin embargo, bajo el cielo tan bonito, llega a mí y en la terraza, fui para él, empleado del lugar; una ginebra-limonada, por favor…
Y allí, donde suben y bajan sin parar, yo busco que el idiota me mire para hacerlo llegar a mí.
Y va de nuevo: “una ginebra-limonada por favor”.
Él idiota tan bonito no puede, es empleado del lugar.
Sin embargo, bajo el cielo tan bonito, llega a mí y en la terraza, fui para él, empleado del lugar; una ginebra-limonada, por favor…
PLACARD
Publicado por
Terencio
Fue cuando empecé a ser, a cinco cuadras de casa.
Él no fue el que me gustó, su compañero era el hermoso.
Al hermoso lo busqué toda la noche…
Escaleras abajo, en el umbral del placard, borracho y jaqueado por el sol, lo invité a mi casa; me dijo que no, sonriendo.
El no hermoso, pegado al hermoso, sin querer ni sonreír me dijo que si.
Y entonces no recuerdo mucho más.
El no hermoso desnudo sobre mi cama, y mi yo desnudo sobre su cuerpo desnudo, inaugurando mi sexo oral tan capaz y voraz.
Al final le pagué y alquilé su odio por un tiempo.
Fue cuando empecé, a cinco cuadras de casa.
Todavía hoy me visitan los golpes de su mano en mi puerta, o su voz en mi ventana, reclamando su paga de nuevo, a cambio de abrir mi puto placard…
Me salvó el chino.
Él no fue el que me gustó, su compañero era el hermoso.
Al hermoso lo busqué toda la noche…
Escaleras abajo, en el umbral del placard, borracho y jaqueado por el sol, lo invité a mi casa; me dijo que no, sonriendo.
El no hermoso, pegado al hermoso, sin querer ni sonreír me dijo que si.
Y entonces no recuerdo mucho más.
El no hermoso desnudo sobre mi cama, y mi yo desnudo sobre su cuerpo desnudo, inaugurando mi sexo oral tan capaz y voraz.
Al final le pagué y alquilé su odio por un tiempo.
Fue cuando empecé, a cinco cuadras de casa.
Todavía hoy me visitan los golpes de su mano en mi puerta, o su voz en mi ventana, reclamando su paga de nuevo, a cambio de abrir mi puto placard…
Me salvó el chino.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)