martes, 4 de agosto de 2009

Las calles de la ciudad provocan erecciones

Viajando en colectivo descoso la vista mirando a cada hombre jóven flotando por aquí y concluyo: las calles de la ciudad provocan erecciones.
Los baches y el sincrónico trajinar de un colectivo pueden más sobre las fantasías que cualquier otra imagen pensada soñada de mil hombres vigentes en mi.
El balanceo del transporte antecede al deseo y, cómplice de sus rutas, se impone encarnando en genital apretado queriendo explotar.
Y así, pudo más la presencia del chico en diagonal a mi sombra que cualquier gladiador andante; pudo más su pelo oscuro caído sobre los hombros y aún feo su rostro que cualquier otra imagen pensada soñada de mil hombres vigentes en mi.
Próximo a bajar, el chico saltó de su asiento implicando esfuerzos genuinos por evitar que tantos unos como otros y yo, pudiéramos advertir lo que sólo algunos y yo podríamos saber observar.
Yo lo vi: chico con erección oculta al bajar.
No por verse ni por tocarse entre sí la gente, sino por ser como son las calles provocan erecciones.

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