jueves, 19 de marzo de 2009

Breve historia de mi fantasía con él que no es gay

1

Estoy con él en una pieza con dos camas de una plaza puestas en paralelo; parece la pieza de un hotel.
Él se ríe irónico mientras se desviste y se prepara para dormir; yo también hago lo mismo. Es de noche.
Cada uno en su cama. Yo lo deseo. Él tiene un slip, yo también.
Él se desviste y al hacerlo, saca una envoltura y descubre su pene erecto, mostrando así su glande, gigante, hinchado y sanguíneo.
Yo lo deseo porque no puedo nada con él.
Pienso en hacer un chiste: “es mejor que me toque la cama de la izquierda porque así puedo tocarte con mi brazo derecho”; no me animo a decir nada.
Él esta casado, tiene hijos, ella se va a enojar.
Ahora estoy en el baño, me muevo en silencio para no hacer ruido, no quiero despertar a mi mamá.
Enchufo la máquina de afeitar, tengo una toalla blanca en la cintura cubriendo mi desnudez; estoy excitado.
La luz del baño es amarilla.
Cuando empiezo a afeitarme mi mamá aparece y me hace notar que la puerta del baño no está cerrada, todos me ven.
Aún así sigo.
Suena el teléfono, mi vieja me habla, no sé que dice.

Aparece él con una solera y unos escarpines con cascabeles tipo pulgarcito.
Ella lo llamó y le dijo que vuelva, que salga a comprarle un disfraz a su hija.
El deseo por él me desborda, aún ahora que ya desperté.

2

Estoy con él en una pieza grande muy iluminada por el sol; hay grandes ventanales.

Es de día. Hace calor afuera, es la siesta.
Nos desvestimos a la vez: primero la remera, después el pantalón, por último el calzoncillo.
Él se ríe irónico, y sin decirnos nada, imprevistamente, nos abrazamos, nos besamos fuerte, frotamos nuestros cuerpos de frente; nuestros penes. Nos besamos y siento su saliva; su aliento; sus dientes.
(...)
Él se reía irónico, libidinoso, pecando, travieso.
Ambos sabemos que él no es gay, y que sin poder desearlo lo deseo mucho, y que sin desearme ni ser gay, él me esta besando, desnudo, conmigo.

El deseo por él me desborda, aún ahora que ya desperté.

jueves, 5 de marzo de 2009

Piojos en el pubis

Cuando me siento cómodo me siento con las piernas cruzadas.
Cuando tomo de más, suelto las manos y luzco mis anillos; y confieso obscenamente, verdades, tamaños, experiencias, saberes sexuales; héteros atentos, me ven.
Cuando me siento en una esquina, cómodo, me gritan ¡puto! ...así me gritaron una vez.
Cuando bajo del colectivo y camino los 70 metros hasta casa, escucho música, y a veces camino bailando de alegría caminando.
Cuando camino contento, cómodo, busco los ojos ajenos para decirle: vamos a casa, juntos, 70 metros.
Cuando pienso en todo esto, aparece.
Cuando me olvido, vuelve.
Cuando me golpeó, lloré...
...remera a rayas azul, corte a la cubana, un brazo imperfecto, una esquina propietaria, un pene erecto escondido en casa, un jean lavado, un par de años extraños, un caminito entre el portón y la entrada, un amigo herido, y él... tan cómodo él, sentado en la esquina justo en donde yo, ahora, espero el colectivo.