Rutina diaria; rutina laboral.
Fin del día; oscuridad inminente.
Aún así naufrago en el edificio sin temor al naufragio.
Pasillo norte-sur: voy a tientas y con la mano acaricio el revoque añejo de la pared.
Cuento mis pasos: al llegar son 276; al irme son 58...
Viajo al baño. Paseo lento proyectando la escena: entrar y esperar, llegar y amagar, ser yo, lavar mis manos antes y después, rogar que suceda.
Me bajo el cierre y expongo mi pene al reflejo de mi pene en la pared. Orino y confío: alguien hermoso llegará.
El hermoso no es tan hermoso pero llega. Me ve y se anima.
Se baja el cierre y expone su pene al reflejo de su pene en la pared y me deja ver.
Se suspende el tiempo. No hay apuro.
Letargo infinito de quien sabe mirar.
Belleza inmensa genital: largor, anchor y autoridad.
Juego finito: sacudir, cierre cerrar, salir y desear, no soltar la escena nunca más.
Caminar de vuelta, sabor a miel.
Mañana vuelvo a trabajar.
viernes, 7 de agosto de 2009
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1 comentario:
Me encantó! la redación en infinitivos le da un toque divino y la metafora "Letargo infinito de quien sabe mirar" es, oh my good!
El final de volver a trabajar le da ese toque postmoderno de vivir en lo yermico!
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