domingo, 11 de enero de 2009

Ginebra-Limonada

A veces sobra con un gesto, un guiño, una mano diciendo: “una ginebra-limonada por favor”, y en la torre más siniestra de la ciudad, mientras el pelado con un pañuelo en la cabeza me grita al entrar: “¡hola pelado!”, yo entro deseando no volver a entrar.
Y allí, donde suben y bajan sin parar, yo busco que el idiota me mire para hacerlo llegar a mí.
Y va de nuevo: “una ginebra-limonada por favor”.
Él idiota tan bonito no puede, es empleado del lugar.
Sin embargo, bajo el cielo tan bonito, llega a mí y en la terraza, fui para él, empleado del lugar; una ginebra-limonada, por favor…

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