jueves, 4 de diciembre de 2008

Scalise

Una vez leí un cuento muy triste que me hizo gay, y lo olvidé.
Cada tanto, sobre todo cuando llegaba el otoño, volvían a mí imágenes de ese cuento y, sobre todo, algo de su título, el cual seguro incluía la palabra "japonés".
Ayer volvió: El Palacio Japonés, de Vasconcelos, y recordé Mi Planta de Naranja Lima, y recordé El Palacio Japonés otra vez.
Lo busqué, leí la primera página y lloré.
De golpe se destaparon más recuerdos: la biblioteca de mi escuela primaria, la obra de teatro "La Latita de Sardinas" de Gori que adapté para actuar, los baños húmedos, el sexo oral que le practicaba a mi compañero Scalise en el pupitre cuando la maestra vieja se daba vuelta, las clases de gimnasia en las que me sentaba en el tapial para ver los pibes en cuero, mis primeros gustos raros y vivos...
El Palacio Japonés fue mi primera lectura como gay en serio, y no lo sabía hasta ayer.

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