Cuando me llamó primero dije: “¿quién?”
Yo nunca lo olvidé.
Cuando me llamó le dije, después: “sí, claro, voy”.
Departamento cerrado; milanesas en aceite; vino caro; televisión.
Alfombra gastada, honesta. Vidrios y ventanas. Olor.
Él cocinando; yo acompañando; hijos durmiendo y una madre hermosa que no volverá.
Comemos, hablamos y tarde me quiero ir.
De pie los dos lo abracé, me abrazó y casi por error, demasiado cerca de la boca me besó.
Con poder pidió perdón, con vergüenza lloró, con miedo me pidió coger y con euforia lo ayudé.
Hoy él todavía no me llama más.
Hoy yo todavía callo mi asombro.
Hoy Dios todavía ríe mañana.
miércoles, 29 de julio de 2009
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1 comentario:
Me parece que ese beso "cercano" no fue un error...jeje.
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